jueves, 8 de septiembre de 2011

El ejercicio del Míster (3 y 4)

A continuación se plantean dos tareas para el entrenamiento de la fuerza a distintos niveles. Se plantean 3 postas distintas haciendo hincapié en la distinta musculatura del tren inferior, encadenando siempre dichas postas con distintos elementos técnicos.

Ejercicio 3

ejercicio3

Ejercicio 4

ejercicio6

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Poetas del Fútbol. César Luis Menotti

Hay quien considera que César Luis Menotti creó el fútbol de izquierdas como si el balón fuera sensible a las ideologías. Su figura aisla cualquier creencia política porque esencialmente es la de un filósofo, la de un defensor del juego de ataque, la de un amante del espectáculo. "El gol debe ser un pase a la red", dijo. El Flaco es el entrenador argentino cuyas ideas futbolísticas más han trascendido, el hombre que llevó a la albiceleste a la conquista de su primer Mundial.

"Nací en una cancha de fútbol", ha explicado Menotti en alguna entrevista. Lo hizo en Rosario, en 1938, en la casa de sus abuelos. Pasó gran parte de su infancia en el barrio de Fisherton. Con 18 años se aventuró a jugar al fútbol sin descuidar sus intereses intelectuales. Se sacó el graduado en Ciencias Químicas mientras inició su carrera como jugador en Rosario Central. Jugó después en Racing, en Boca Juniors, un año en The Generals de Nueva York, junto a Pelé en el Santos, y en 1970 se retiró en el Juventus brasileño.

"Se puede dejar de correr, o dejar de entrar en juego durante largos minutos; lo único que no se puede dejar de hacer es de pensar"

Aquel delantero con capacidad para actuar como centrocampista necesitaba el fútbol para expresarse. Pronto se aventuró a dirigir equipos, con esa estampa de tipo delgado que en casi todas las fotografías aparece fumando con gusto. Dirigió a trece equipos distintos, pero sus conquistas se produjeron en tres: Huracán, la selección argentina y el Barcelona.

Tras debutar en un banquillo como segundo entrenador en Newell's Old Boys, recibe en 1972 la visita personal del presidente de Huracán, que confía en el criterio y el verbo de Menotti a pesar de su inexperiencia. Conquistó el campeonato Metropolitano de la mano de un plantel excelente de jugadores tales como Brindisi, Babington, Basile, Housemann o Larrosa.

Menotti llegó al Barça en 1983 por mediación de Maradona

Todos los equipos de Menotti tuvieron la premisa clara de que al fútbol se juega pensando. Siempre. Él mismo resumió su ideario así: "Un entrenador genera una idea, luego tiene que convencer de que esa idea es la que lo va a acompañar a buscar la eficacia, después tiene que encontrar en el jugador el compromiso de que cuando venga la adversidad no traicionemos la idea".

"Yo me siento torero, no banderillero"

La valentía de sus propuestas convenció a la AFA para encargarle la dirección de la selección en 1974, con apenas dos años de antigüedad en el gremio. Con su labor revolucionó las estructuras del fútbol argentino e hizo de la albiceleste un equipo estético y luchador. El gran éxito de su vida fue la conquista del Mundial de 1978, título disputado en casa en lo que fue una operación de imagen del régimen dictatorial de Jorge Videla. Argentina fue campeona del mundo por primera vez en su historia. Menotti cumplió con su parte, pero con el tiempo se sintió utilizado. "Fui usado. Lo del poder que se aprovecha del deporte es viejo como la humanidad. Nadie podía imaginarse que en esas horas se tiraban a los cadáveres al océano", explicó en una entrevista publicada en el diario Corriere Della Sera el 18 de junio de 2008.

La victoria mundialista no fue fácil en todos los órdenes. La prensa local no entendió antes del torneo que un joven llamado Maradona no estuviese convocado y Kempes sí. Los resultados dieron la razón al seleccionador. Kempes fue la estrella del campeonato y el máximo goleador con seis tantos, dos ellos en la final con Holanda. Maradona obtuvo el tiempo que necesitaba para confirmarse al año siguiente como la gran promesa argentina durante la conquista del Mundial Sub '20, también a las órdenes de Menotti.

El Flaco fichó por el Barcelona en marzo de 1983 para suplir al destituido Udo Lattek. El club atendió los consejos de su jugador franquicia, un Maradona que necesitaba de un técnico que le dejara hacer tanto dentro como fuera del campo. El Barça ganó la Copa y la Supercopa -entonces Copa de la Liga-. Al curso siguiente hubo vacío de títulos y los dos argentinos abandonaron el club. El jugador se marchó a Nápoles. El técnico se tomó dos años de excedencia lejos de los terrenos de juego.

"El fútbol es tan generoso que evitó que Bilardo se dedicara a la medicina"

Es también por esas fechas cuando nace su rivalidad con Carlos Salvador Bilardo. El nuevo seleccionador de Argentina acude a Barcelona a entrevistarse con el hombre que la había hecho campeona. Le pide su consejo, pero "Es una risa, viene, me vuelve loco a preguntas, le fundamento lo que le conviene, va allá y hace todo al revés. No algo, todo", comentó Menotti indignado a la prensa de su país. Así comenzó una guerra entre dos formas de entender el juego. La habilidad y el refinamiento de los poetas como Menotti frente a la táctica y el estudio de los filósofos como Bilardo.

Menotti se volvió nómada. Huyó de los contratos largos y acumuló etapas en una decena de equipos diferentes hasta que se retiró en 2010. Aunque fuera del día tras día del fútbol sigue siendo una de sus voces más autorizadas, el socorro perfecto para cualquier análisis. En marzo de este año sufrió una afección pulmonar que casi le cuesta la vida. Pese a todo, sigue impartiendo cátedra en su columna mensual en GMS, una filial de la agencia mundial de noticias DPA.

martes, 6 de septiembre de 2011

El fútbol y yo (Capitulo 1)

Comenzamos hoy, con la publicación de la introducción y el primer relato, una serie de relatos de Dadan Narval sobre la relación de un niño con el fútbol titulada “El fútbol y yo”, el cual le doy cierto retoques para hacerlo mas cercano y familiar. Éstos mantienen una coherencia cronológica, por lo que, a pesar de que pueden ser leídos individualmente, componen en conjunto una única historia. La serie aún está abierta, por lo que no sabemos la cantidad de capítulos que la compondrán. Iremos publicándolos paulatinamente, a medida que vayan siendo escritos. Esperemos que esta nueva sección del blog sea de vuestro agrado.

Gran parte de mis recuerdos de infancia, de aquellos que por ser más relevantes, por tener algún significado –aún a veces oculto- han resistido al tamiz del tiempo, están relacionados con el fútbol, con el balón, y con los anhelos que de niño canalizaba a través de él. En ocasiones, mientras paseo sin destino ninguno por el pueblo, pensando, o mientras fumo un cigarro en el balcón de mi casa o en algunas conversaciones con los amigos y compañeros de por aquel entonces, mi mente comienza una cadena de asociaciones que termina haciéndome evocar los tiempos en los que jugaba con la camiseta del CDFB Zalamea, que en aquellos tiempos llamábamos, la escuela de futbol.

Mis primeras visitas a campos de juego con renombre e historia, acompañado de mi padre en la mayoría de las ocasiones, o cuando mis amigos y yo formamos nuestro nuevo equipo, con nuestras flamantes camisetas, para jugar los campeonatos de verano.

Aún hoy me ruborizo recordando la importancia que para mí tenían los partidos con el CDFB Zalamea.

La mayoría los veía desde el banquillo, casi siempre sentado, al contrario de mis compañeros, que lo hacían de pie, jaleando a los que jugaban, profiriendo unos gritos que de mi garganta nunca salían, debido a mi carácter tímido, casi cobarde.

Desde ahí, entre las espaldas de los suplentes, veía a mi equipo jugar y desde ahí, desde el banquillo de un equipo infantil de un pueblo pequeño, mi mente comenzó a soñar con los grandes momentos que algún día viviría como futbolista. Para poder hacerlo, para que mis sueños no se tornaran dolorosamente imposibles, debía comenzar por justificar mi suplencia en el CDFB Zalamea.

Así, me imaginaba que era un jugador recién llegado de otro equipo, una figura internacional, pero que necesitaba “tiempo de adaptación”, como había leído que decían los comentaristas deportivos en la tele. Cuando me adaptara al nuevo entorno, a la nueva ciudad –no me costaba imaginar esto, aunque llevaba toda la vida viviendo allí-, sin duda, comenzaría a marcar goles y callaría las bocas de los que dudaban de mí... (continuará)